lunes, 17 de junio de 2013

Alga Marina.

Yo solo soy una existencia.
Algo así como una alga marina.
Una que tiene algo de voluntad y más o menos un cerebro.
Yo siempre fui romántico, nada cambió.

Ahora los sentimientos son simple pasado.
Créame, no hubo un cambio.

El frío me hace pensar mejor.
Ver las ideas en 3D, leer los colores, oler los sonidos y percibir los pensamientos.
Supongo que el amor tenía mis demás facultades atadas.

El amor hace sentir una vida... Una vida que arranca desde la raíz cuando se va.
Deja la muerte del ser lúcido y colorido que hubo mientras estuvo...
Y da paso al ser gris, cuya visión es gris, no hay un color en cosas por separado... Hay un todo, uno solo, un gris.

Es más fácil ver todo lo demás cuando los ojos no tienen que esforzarse en diferenciar su tonalidad... "Esto es esto, eso es aquello".
Simplemente se reduce a "Eso, esto".

Es un mundo sin color, uno mejor.
Solo veo llamas, me dicen que existen, no siento calor alguno proviniendo de ellas, pero se empeñan en hacerse sentir.
Existencias que se matan unas con otras, con esos sentimientos que he desechado.
Las dejo ser. Mientras yo soy.
El destino es la frase que los pesimistas comparten.
El destino es subjetivo, mi mente tiene un final, una meta, una meta que alcanzaré mediante una serie de sucesos que voy a escoger... No unas cuerdas que van a manejar lo que he de ver al final del túnel.
Destino, es para esas llamas que aun desean emitir su calor, que los demás lo sientan como que es la que mas arde. Esas que quieren ser un gran fuego, sin ver sus orígenes, la pequeña chispa que fueron y no recordar que el "destino", no las llevó ahí, sino la propia fuerza creadora del camino.
Y si ha de existir tal cosa como un destino... Lo alcanzamos a cada segundo, no porque debió ser, sino por el paso que dimos el segundo anterior.


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